Su último cumpleaños
Santo Ángel, noviembre 2026 | El Gurillo
Aunque ella no lo sabía, se levantó por la mañana como todos los días, frescos y joviales; soñaba que este era un día muy especial, por eso quería que fuera lo mejor posible. No tenía muy claro lo que iba a suceder, puesto que al parecer nadie se había percatado de que para ella lo mejor estaba por llegar… o eso pensaba. Nada más lejos de la realidad, ya que la vida había reservado para hoy el más duro golpe que una persona puede llevar para sí misma.
La ilusión de una mañana fría
Antes de levantarse, en la cama y entre las sábanas, se quedó un poco traspuesta pensando en la preparación del día. Minutos después, de un salto, saludó al nuevo día con su mejor sonrisa, fue al baño y se miró al espejo de reojo; no quería verse recién levantada, aunque se sabía del montón, pero como ella decía: «de la parte de arriba», y sonrió.
—Hoy estás espléndida —se dijo para sí.
Una breve ducha y luego unos ligeros toques de maquillaje, pues para una hermosa mujer esto es suficiente, pensó.
El despertar del pueblo
El día estaba hermoso; aunque era invierno, tenía una luz intensa y azul. Hacía un poco de frío, aun no habían aparecido las nieves —que en su pueblo son bastante tempranas— y se respiraba el humo de las chimeneas que recordaba el frío de la noche anterior. Los árboles del jardín estaban sin hojas, como manda la estación, pero sí que se podían ver aún algunas plantas típicas del otoño que aguantaban estoicamente el paso del tiempo.
Después del aseo le pareció un poco extraño no oír los típicos ruidos de todas las mañanas, pero no perdió el ánimo y entró en la cocina a prepararse un buen desayuno, tal como el día requería. Cuando comenzó la preparación, sintió que en realidad no tenía nada de apetito, y esto le preocupó un poco puesto que la noche anterior no había probado bocado. Los ruidos de la calle no terminaban de llegar a sus oídos e hizo un esfuerzo por poner atención e intentar conectar de nuevo con el día a día de su vida cotidiana, pero esto fue totalmente en vano.

Rumbo al periódico
Al fin decidió vestirse y salir a la calle buscando la mejor manera de pasar el día de su cumpleaños. El vestido no era demasiado ostentoso, pero sí que se puso el mejor que tenía. No tenía muchos amigos de verdad; el pueblo no era grande y casi todos se conocen de vista, por esta razón pensaba que no pasaría desapercibida con ese vestido, que iba acompañado de unos toques de maquillaje para la ocasión.
Cuando cerró la puerta tras de sí, notó que a pesar de que tenía que hacer un poco de frío, en su rostro no lo sentía. Seguía sin percibir los sonidos de la calle; estaba confusa y empezaba a estar asustada. Aun así, levantó la cabeza e intentó salir de la situación caminando hacia su trabajo con la sonrisa en los labios. Cuando estuviera allí, comentaría con los compañeros todas estas sensaciones.
Trabajaba en un pequeño periódico de pueblo con dos compañeros más. Las noticias que en él se publicaban de ninguna manera ganarían un premio de periodismo, aunque si hubiera un premio a las noticias de cotilleo de pueblo tal vez podrían optar a él.

«Cuando llegue —pensó— llamaré a Anif», que era su compañera de universidad; seguro que sería la primera que la felicitaría. Los años de estar juntas tenían que valer para algo, por supuesto sin que los compañeros se quedaran atrás en ello.
La llegada a la redacción
Durante su paseo no encontró a nadie; era realmente temprano y, con la llegada del tiempo más helado, la gente del pueblo no tiene prisa por hacer las tareas, ya que no son tantas y pueden esperar a que caliente más el día. Sin embargo, con su trabajo sí que tenía que salir temprano; si no, cuando saliera el periódico la gente ya conocería las noticias.
Como casi siempre, llegó la primera. Esto no le molestaba; sabía que sus compañeros no tardarían mucho e incluso pensó que de alguna manera le prepararían alguna sorpresa por su cumpleaños. Ella también les quería sorprender con una nueva noticia que por nada del mundo les dejaría publicar, y desde luego no se la diría hasta que no se lo prometieran.
Abrió la puerta, encendió las luces, puso en marcha la pequeña pero moderna máquina de imprimir con la que se preparaba el periódico y revisó un ordenador donde recibían las noticias más importantes, el tiempo de la zona, los deportes, etc. Se dirigió a su mesa y vio que en su lugar de trabajo había un ramo de flores y un periódico doblado debajo. Ella se acercó al ramo, lo tomó entre sus brazos y olió su perfume… de nuevo esa sensación de no poder disfrutar de los sentidos.

Los recuerdos de la noche anterior
Estaba esperando que llegaran sus compañeros cuando le vinieron a la mente los recuerdos del día anterior. Se sentó en el borde de la mesa y recordó que conoció a un chico en una fiesta en el pueblo de al lado. Aunque al principio no entraba dentro de su prototipo de hombre ideal, como estaba algo eufórica por el día siguiente, se dio una oportunidad para disfrutar un poco. Ya llevaba bastante tiempo haciéndose la estrecha con los hombres, pues como siempre, estaba esperando al hombre que nunca llega, y tras un cuarto de siglo en la tierra era tiempo de dejarse llevar.
Tonteó con él y estuvo hablando de mil cosas, pero nada que fuera importante. Bebieron un poco —ella creía que no había sido mucho, pero no estaba muy segura de lo que él había hecho en cuanto a la bebida—.
Recuerda que cogieron el coche de él; ella había ido en taxi, pues no le gustaba conducir cuando se iba de fiesta. Debido a su trabajo sabe lo malos que son los vehículos por las noticias que les llegan todos los días sobre accidentes en las fiestas.
La terrible revelación
Otra vez esa extraña sensación de que algo raro está pasando, y esta vez sí que está aterrorizada: no se acordaba de nada de lo que pasó durante esa noche. A continuación, una lágrima brotó de sus ojos y vino a caer encima del periódico que había en la mesa doblado. Intuitivamente bajó la mirada y se fijó en la noticia de portada:
«Nuestra querida amiga y compañera falleció anoche en un accidente de tráfico; el conductor había bebido, se salieron de la carretera y cayeron por un barranco. Esta mañana será enterrada en nuestro pueblo».
No pudo contener las lágrimas y ya todo estaba claro: ayer fue su último cumpleaños.
Se fue del periódico y dejó encima de la mesa una nota para sus compañeros, su última noticia:
«No dejes que los demás controlen tu vida; somos una vela encendida y nadie tiene derecho a soplar tu llama por ti, solo tú lo puedes hacer, y cuando lo hagas procura que, al soplarla, estés mirando para el lado contrario. La vida es muy hermosa, vívela».
Por extraño que parezca, este fue el editorial de su compañera de trabajo al día siguiente en su epitafio.

Este relato es una obra de ficción. Los personajes y los sucesos narrados son imaginarios. Cualquier parecido con personas o acontecimientos reales es pura coincidencia.
Imágenes:
Pexels
Angelita Iniesta








