¿A quién le beneficia que salga ardiendo el monte?

Jul 5, 2026 | Entorno natural, Noticias

Restos de poda y madera talada acumulados en el suelo forestal

El soberbio cabreo de la Costera Sur tras lo de Los Garres

Santo Ángel, julio 2026 | El Gurillo

Lo del devastador incendio forestal de Los Garres no ha sido un susto más, ha sido la gota que ha hecho rebosar el vaso de la paciencia de los vecinos de la Costera Sur de Murcia. El cabreo en Algezares, La Alberca, Santo Ángel y Los Garres es monumental y se escucha en cada esquina, en cada barra de bar mientras se pide una marinera. Este último desastre ha espabilado a una población que está hasta los mismísimos de ver cómo el Parque Regional de El Valle y Carrascoy, su joya de la corona, se convierte en un polvorín año tras año. Cualquiera con dos dedos de frente que se dé una vuelta por internet puede comprobar que esto no son «cosicas del verano», sino una racha negra que da miedo.

Especialmente desde el año 2021, la zona sufre una racha de fuegos que da pánico, rozando las casas de las pedanías y amenazando el principal pulmón verde que nos queda. Con el suelo todavía negro y el olor a humo metido en los pulmones, los murcianos se preguntan con toda la mala leche del mundo: ¿por qué narices falla siempre la prevención en nuestros montes mientras los despachos oficiales siguen tan tranquilos?

Árboles talados mires donde mires en El Valle

El viejo truco de acordarse de Santa Bárbara cuando truena (o de desbrozar a pijo sacao)

Como pasa casi siempre en esta bendita tierra, la reacción de los que mandan llega tarde, mal y de mala manera. Tras el desastre de Los Garres, de repente a todo el mundo le ha entrado una prisa tremenda por limpiar. Las inspecciones municipales se han disparado y los propietarios de solares privados colindantes con la sierra se han lanzado a desbrozar a pijo sacao para evitar que les caiga una multa de esas que te crujen el bolsillo. Es el clásico y ridículo espectáculo de querer tapar el pozo cuando el zagal ya se ha capuzao dentro.

Lo gracioso del asunto, por llamarlo de alguna manera, es que esta fiebre por la limpieza se frena en seco cuando llegamos a los terrenos que son de titularidad pública. Mientras al ciudadano de a pie le exigen tener su parcela más limpia que una patena bajo amenaza de sanción, las ramblas y el monte público siguen acumulando broza, maleza y una cantidad de combustible vegetal que da terror con los calores que arrastramos. Vaya tela con la coherencia de nuestras administraciones. Tanto el Ayuntamiento de Murcia como el Gobierno regional exigen una velocidad de bólido a los particulares pero ellos van a paso de caracol cojo.

La pira que adorna El Valle y Carrascoy

El calentamiento global está muy bien para echarle la culpa de todo, pero la administración lo usa ya como el comodín del público para justificar que el monte da pena verlo. Es verdad que El Valle y Carrascoy sufren una sed espantosa. La falta de agua y las ventoleras de calor están achicharrando a los pinos. Los expertos dicen que en toda la Región hay cerca de un millón trescientos mil árboles muertos por culpa de esta sequía (con datos bien frescos de 2025).

Para gestionar este drama, la administración tira de talonario público y externaliza los trabajos de corta y retirada de biomasa a contratas y grandes empresas privadas del sector. El objetivo teórico de estos contratos, que pagamos todos los murcianos, es quitar los troncos muertos para sanear la sierra y que no sirvan de cerillas gigantes.

Árboles talados en el parque El Valle y Carrascoy

Pero una cosa es lo que se firma en el papelico y otra muy distinta lo que se ve cuando sales a andar por el monte. Los vecinos están quemados de ver que los ritmos de trabajo no cuadran. Cortan los pinos, sí, pero los restos de poda y los troncos secos se quedan ahí acumulados en el suelo durante meses, madurándose al sol. Para cualquiera que salga a respirar aire puro, ver esas montañas de leña seca en mitad del parque natural genera un reconcomio en el estómago terrible. Parece que el monte se convierte en una pira gigante esperando que caiga un cigarrillo. Mientras tanto, la supervisión de la administración brilla por su ausencia.

Privatización de servicios y las paradojas que pagamos los de siempre

Hoy en día, el mantenimiento de nuestros espacios naturales y de las zonas verdes de las pedanías de Murcia está fragmentado en un enorme entramado de adjudicaciones y subcontratos privados. El negocio de los servicios públicos se mueve entre grandes grupos empresariales que asumen desde el cuidado de los parques urbanos hasta los trabajos forestales pesados, centralizando naves y sedes en los mismos polígonos industriales de la Región que históricamente han albergado a las viejas contratas del municipio.

Siendo totalmente objetivos, a las empresas adjudicatarias poco se les puede reclamar desde el punto de vista legal. Los operadores privados hacen lo que pone el pliego de condiciones que diseñan los políticos y gastan el presupuesto que les asignan. El verdadero entuerto está en el modelo que ha montado la propia administración pública.

Privatización de servicios de limpieza y gestión de monte

Tiene guasa la cosa, o es una paradoja de campeonato, que los mismos recursos públicos destinados a la prevención y a la retirada de madera seca convivan en el mismo ecosistema institucional con las contratas encargadas de apoyar en la extinción de incendios forestales. El sistema actual deja la salud del monte en manos de un entramado de subcontrataciones donde los tiempos para retirar la madera se alargan entre papeles y burocracia, mientras que el riesgo real de salir ardiendo lo siguen sufriendo los vecinos que viven pegados a la falda de la sierra.

Las leyes se hicieron para el vecino, porque el político se las pasa por el forro

La ley no tiene pérdida y está escrita en castellano para que todos la entiendan. Tanto la Ley de Montes nacional como el Plan INFOMUR de la Región de Murcia prohíben dejar los restos de poda abandonados en el suelo forestal. Dejar esa madera muerta tirada por ahí es una infracción administrativa como una catedral porque, además del peligro evidente de fuego en pleno julio y agusto, es el hogar perfecto para plagas como el barrenillo del pino, que se mete en los árboles sanos y los deja secos en un santiamén.

La norma regional dice claramente que si talas, tienes que eliminar los restos de inmediato, ya sea triturándolos con maquinaria para que se hagan tierra o sacándolos del monte a toda prisa. Y el Ayuntamiento, mientras tanto, sigue muy estricto vigilando los bancales de los vecinos de la interfaz urbano-forestal.

Por eso da tanta rabia. La administración debería ser la primera en dar ejemplo y vigilar sus propios montes con lupa. No se puede tener la cara tan dura de exigirle responsabilidades a un vecino de la Costera Sur mientras los terrenos públicos muestran acumulaciones de troncos talados esperando a que alguien se digne a retirarlos. La seguridad de nuestras pueblos exige que los contratos de conservación forestal se cumplan a rajatabla y sin marear la perdiz.

Acumulación de biomasa y troncos secos por todo el parque natural

Menos postureo en las fiestas y más limpiar el monte, caballero

Esta tremenda pachorra a la hora de prevenir nos lleva al meollo de la cuestión: qué les importa de verdad a nuestros gobernantes. Mantener un parque natural limpio y protegido exige billetes de forma constante, presupuestos fijos y reactivar las brigadas forestales públicas todo el año. Pero claro, limpiar el monte no da votos ni sale tan bonico en las fotos de las redes sociales como gastarse los cuartos en eventos festivos, verbenas con el barril de cerveza abierto y proyectos de relumbrón en las pedanías.

En los últimos diez años, los defensores de El Valle y Carrascoy no han parado de denunciar que las brigadas forestales públicas están en el chasis, sin gente ni herramientas, dejando casi todo en manos de contratas privadas donde muchas veces se mira más el céntimo que el beneficio ecológico.

En resumidas cuentas, el monte de Murcia importa bien poco en la agenda política real de la glorieta y de San Esteban. Cuando el monte se vuelve negro por el fuego, a los políticos les falta tiempo para salir trajeados echándole la culpa al cambio climático o a los gamberros. Pero los murcianos ya estamos muy resabiados: la falta de limpieza y el abandono de la madera muerta es una dejadez política directa que ya no cuela por más que nos quieran vender la moto.

¡A qué esperan, pijo!

Más información

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Fotografías: santoangel.red

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