Un desierto árido e inhóspito

Santo Ángel, junio 2021 | Ángel Matas Zapata.

Dice la tradición que esta Comunidad tiene su origen hace 1200 años, cuando un asceta llamado Higinio llegó a Cartagena procedente de Portugal, y tras un período de vida penitente con San Ginés de la Jara en el Rincón de San Ginés, se desplazó hasta las estribaciones de la Sierra de Carrascoy, en el paraje llamado el Valle del Hondillo.

Un sendero muy estrecho

En aquella época nuestro monte no se parecía nada al actual pulmón de la ciudad de Murcia. Era un desierto árido e inhóspito, y el único acceso para llegar era un sendero muy estrecho e incómodo para caminar por él.

Eremitorio de nuestra señora de la Luz

 Fotografía desde la sierra del Valle y Carrascoy con montes antes de la repoblación (Aprox. 1914).

Además, La Alberca y Santo Ángel eran dos simples alquerías, muy escasamente pobladas, y la distancia desde Murcia, sin ningún medio de transporte, unido al escaso interés que la zona tenía para ser visitada, así como la existencia de fuentes de agua y abundantes cuevas naturales, reunían los requisitos ideales para cualquier persona que quisiera dedicar su vida al retiro y la oración.

Por todo esto, Higinio se instaló en una de las cuevas existentes donde vivió muchos años dedicado a la oración, alimentándose de las hierbas que recogía y de algún mendrugo de pan que los escasos visitantes le llevaban.

Los ermitaños

Su vida y su muerte a muy avanzada edad fueron semilla de ermitaños que buscaban un lugar apartado para establecerse, y así, poco a poco, se fueron ocupando las cuevas de los alrededores.

Durante el periodo de dominación musulmana se pierde totalmente cualquier referencia histórica, y muchos años después, en el libro “Murcia”, se habla de efemérides del 18 de febrero de 1429, y dice: “Los primeros hermanos la Luz, fueron los ermitaños de San Pablo, que se establecieron allí, Pedro de Celaya y Pedro de Antequera”.

Litografía con la imagen de María Santísima de la Luz en el santuario de monjes eremitas de Murcia (Siglo XIX)

Litografía con la imagen de María Santísima de la Luz en el santuario de monjes eremitas de Murcia (Aprox. 1860)

El 19 de febrero de 1429, en un acuerdo del Ayuntamiento de Murcia, que” concede el agua de la Fuensanta de un tal Pedro Busquete, que debió ser un ermitaño por aquel paraje” (Actas Capitulares, folio 55).

Tiempo de fundaciones y construcciones

Diaz Cassou, en su libro titulado Serie de los Obispos de Cartagena, al hacer la biografía de Don Mateo de Lang, obispo de Cartagena dice: ”Fue tiempo de fundaciones y construcciones el de este Obispo.. en 1528 se concede por el emperador la merced que la ciudad de Murcia tenia hecha del sitio fuente del Valle del Hondillo a los ermitaños de San Pablo, que se conocían con el nombre de hermanicos de La Luz”.

Igualmente, en el libro “España Mariana, Provincia de Murcia”, de Javier Fuente y Ponte, escrito en 1880, refiriéndose al Valle del Hondillo, dice: “En este lugar se hizo la primera concesión de terrenos para formar congregación penitente, cuyo documento está fechado el 20 de abril de 1528, concediendo la ciudad de Murcia, con aprobación del rey Carlos I, el sitio que en la actualidad ocupa el eremitorio de Nuestra Señora de La Luz”.

Vista del eremitorio de Nuestra Señora de la Luz de Murcia

Vista del eremitorio de Nuestra Señora de la Luz de Murcia (Aprox. 1915)

En 1648 se desató en Murcia una epidemia de peste llamada de Valencia tan terrible, que por ejemplo solo dejo con vida a un feligrés en la parroquia de San Pedro. Enterados los ermitaños, abandonaron su retiro y bajaron a la ciudad a prestar auxilio a los enfermos apestados. Dicen las crónicas que todos los hermanos murieron a causa del contagio, quedando extinguida la vida eremítica en el monte, hasta que unos cinco años después varios anacoretas volvieron a instalarse en el monte, construyendo chozas con piedras y barro, y poco a poco, comenzaron a convertir lo que hasta entonces se conocía cono “el desierto”, en tierra laborable y de cultivo.

Un santuario ibérico

Los profesores de la Universidad de Murcia, Concepción de la Peña Velasco y José Antonio Molina Gómez en su obra “Los ermitaños del desierto del Sordo en el siglo XVIII”, señalan que “el contexto y antecedentes históricos del paraje son muy sugerentes. Un santuario ibérico situado a pocos metros del monasterio y los restos tardorromanos en localidades próximas, (mausoleo de La Alberca y basílica paleocristiana de Algezares), animan a entender la vida monástica en las proximidades de La Fuensanta como parte de un proceso histórico muy dilatado, En el siglo XVII, Cascales señalaba que desde comienzos de esa centuria se había instituido un Vía Crucis en la cercana Santa Catalina del Monte, perteneciente a la orden de San Francisco, en un entorno repleto de vestigios eremíticos. Efectivamente, en las montañas inmediatas a Murcia y en un dilatado territorio en los alrededores del Santuario de la Fuensanta, de Santa Catalina del Monte y de La Luz se conservan numerosas muestras del pasado anacorético y rupestre”.

Monje - Hermanos de la Luz

Hermano de la Luz

El siglo XVIII

Mas adelante dicen que en un manuscrito fechado en los años treinta del siglo XVIII conservado en el Archivo Municipal de Murcia, se menciona el origen de la agrupación de los monjes y la construcción de una ermita dedicada a Nuestra Señora de la Luz: (textual)

“Por los años de 1691, llegaron a la Ciudad dos, o tres hombres recoxidos, buscando al parezer para la contemplación sitios acomodados, y como la montaña referida es para esto tan acomodada empezaron en ella a fundar varias hermitas, y disponer con el venefizio de las aguas varias huertas, mas con la notizia de estas curiosidades, así para tratar con los hermitaños, como para gozar con sus arboledas era mucha la jente que los visitava, y viendo el prelado que para el fin principal esto no combenía, mando derribarlas, y destrozar las huertas, y que los hombres que las abitaban en lo inculto, y montanizo de aquí, se recoxieran, obedezieron puntuales, y así en un áspero sitio donde hallaron agua, y en donde, sin gran trabajo no puede llegar humana planta a Nuestra Señora de la Luz labraron una hermita y a ella contigua una casa, donde todos viven austeramente, mantenidos de la labor de sus manos en que se emplean los ratos que a distintos exerzizios virtuosos vacan, cuias labores traen a Murzia los Sábados, y las dan o a menos precio, o a los devotos que les hacen caridad para su austero sustento; están tan subordinados a el Diozesano, que después de muchas pruebas, no admiten sin su voluntad a otro alguno, que desee huir de este mundo vano”.

Fotografía de la imagen de Nuestra Señora de la Luz

Fotografía de la imagen de Nuestra Señora de la Luz (la imagen fue creada en 1869) y fotograbado de 1910

Cuevas para hacer penitencia

Los documentos corroboran que la zona estaba poblada de ermitaños solitarios que se recogían en las cuevas para hacer penitencia. A finales del siglo XVII, el obispo de la Diócesis de Cartagena debió considerar la conveniencia de regular la situación y reunir a los “monjes súbditos de la misma obediencia”.

A partir de 1690 se tienen bastantes más datos de todo lo que ha constituido la historia de los Hermanos de La Luz. Así en 1691 llega el hermano Miguel de la Soledad. Era un noble caballero cordobés llamado Miguel Valdivia, que como militar fue destinado a Cartagena. Pidió el retiro e ingresó en el Convento de San Ginés de la Jara, donde vivía de las limosnas que recibía a cambio de las escobas que hacía, y que curiosamente muchos años después también se harían en La Luz. Al no encontrar la soledad que buscaba, se retiró hasta el desierto del Salent, donde enseguida es considerado por los demás como centro del grupo (es curioso como se repite la historia del primer ermitaño Higinio y su paso por San Ginés hasta llegar aquí).

Cueva de la Hiedra

Cueva de la Hiedra situada en el Parque Regional El Valle y Carrascoy

Los Hermanos de La Luz

Miguel de la Soledad se instala en la Cueva de la Hiedra, donde construyó un oratorio muy sencillo dedicado a Nuestra Señora de la Soledad, y en un pino colocó dos palos, colgando de ellos una campana para convocar a los demás.

En este grupo estaban:

-Pedro de la Santísima Soledad, que construyó una pequeña morada en lo alto del risco donde está la Cueva de la Yedra.

-Pascual del Espíritu Santo, que se instaló muy cerca del anterior.

-Agustín de Jesús y María, que bajo su cueva y construyó con piedras y barro una choza en el lugar que hoy ocupa el atrio del eremitorio.

-Ignacio de San José y Pedro de la Purísima Concepción, que abandonaron las cuevas que ocupaban cerca de donde hoy está la Ermita de San Antonio el Pobre, y se construyeron chozas cerca de donde estaban los demás.

-Por último, estaba “Diego el Pecador”, que construyó su choza “cerca del camino que baja desde el desierto hasta el Monasterio de Santa Catalina”.

El hermano Miguel de la Soledad murió el 29 de marzo de 1699, a las tres de la tarde, atacado por unas fiebres que obligaron a bajarle hasta La Alberca, siendo sustituido al frente de esta comunidad por el hermano Pedro de la Santísima Trinidad.

Campanario Eremitorio de Nuestra Señora de la Luz

Campanario – Eremitorio de Nuestra Señora de la Luz

En septiembre de 1699, el Concejo de Murcia atendió la petición de Pedro de la Trinidad y Concepción – que afirmaba que militaba bajo la protección, hábito monacal y reglas de San Antonio Abad – y concedió a los hermanos gracia de sitio para edificar un oratorio donde celebrar misa en un lugar conocido como El Sordo.

Pedro de la Trinidad era clérigo de menores y pretendía ordenarse sacerdote para atender espiritualmente a la comunidad. En 1700, en las actas municipales se señala que se había concedido a los ermitaños un paraje donde habitar, y que el racionero Alonso Clavijo estaba costeando la ermita.

Cardenal Belluga

En el Santuario de La Fuensanta, entrando por la puerta lateral, podemos ver un cuadro muy interesante del siglo XVIII y de autor desconocido, titulado “Ermitaños de La Luz”, en el que podemos ver muchas cuevas ocupadas y un texto que dice:

“Monte de Dios, Monte Pingue es este lugar donde se retiraron algunos santos penitentes buscando la protección de María Santísima de la Fuensanta, que con razón pudo llamarse pequeña tebaida. Con los restos de aquellos solitarios fundó el Monasterio de la Luz el eminentísimo Cardenal Belluga.”

Cuadro Ermitaños de la Luz

“Ermitaños de la Luz”. Anónimo, siglo XVIII

El hermano Pedro fue, por lo tanto, el fundador del eremitorio, y llevó a cabo la plantación del olivar y la pinada que aún existe frente al edificio, pero como el terreno necesario para hacer la construcción pertenecía al Ayuntamiento, hizo la correspondiente solicitud que fue aprobada por el Cabildo, y enseguida comenzaron las obras de la iglesia, sacristía y celdas, que finalizaron el 25 de noviembre de 1701.

El patronazgo de la comunidad

Ya estaban constituidos en comunidad, pero necesitaban un patronazgo, que debían decidir por votación unánime los hermanos. Aunque estaban consagrados a San Antonio Abad, carecían de imágenes sagradas en su primitivo templo. Enterada de esto, una noble dama murciana llamada Dª Francisca Robles, les donó una imagen de la Virgen, cuyo autor se desconoce, y pidió a los hermanos que decidieran el titulo o advocación que tendría en lo sucesivo.

Los hermanos estuvieron rezando durante diez días, y al undécimo se reunieron y depositaron en un cántaro una papeleta con el nombre propuesto por cada uno de ellos, resultando que, al hacer el recuento, todas decían lo mismo: “María Santísima de la Luz”.

Patio interior en el Ermitorio de la Luz

Patio interior en el Ermitorio de la Luz

Poco tiempo después, el hermano Carlos de Jesús y María encargó a Salzillo las imágenes de San Pablo y San Antonio Abad, para colocarlas en los altares laterales, donde han permanecido hasta hace muy poco, y que en la actualidad y por motivos de seguridad están en el Obispado. Igualmente le encargó al insigne escultor una imagen del Niño Jesús para ponerlo en los brazos de la Virgen de la Luz, que podemos contemplar en la actualidad.

El siglo XVIIII

La invasión francesa dejó sentir sus efectos en la comunidad, y así, en 1810 albergaron durante días a las tropas que luchaban contra los invasores, y dieron cobijo a quienes buscaban refugio entre sus muros.

En 1811 se declaró una terrible epidemia de fiebre amarilla que asoló esta zona, causando solamente en Algezares la muerte de 556 personas en un periodo de seis meses, es decir, uno de cada cinco habitantes, mermando también el número de frailes que murieron ayudando a los enfermos, que quedaron reducidos a tres.

En 1824, con motivo de la exclaustración de las Ordenes y Congregaciones religiosas, D. Pedro Antonio Eguía, Canónigo de la Catedral de Murcia, cambió discretamente el hábito de los ermitaños por un traje seglar, que llevaron siempre, y que fueron los únicos en vestir como labradores.

Huertanas esperando para la misa - Eremitorio de la Luz

Huertanas en el interior del Eremitorio

El Ayuntamiento de Murcia

El Ayuntamiento de Murcia hizo valer ante el gobierno central su derecho de Patronato del Eremitorio de La Luz, y de los terrenos circundantes, alegando que eran propiedad de la ciudad, y cediendo el arriendo al Hermano Mayor de la Comunidad, no como religiosos, sino como cultivadores de aquellas tierras, evitando así el decreto de desamortización que hubiera supuesto la expulsión inmediata de los hermanos.

El “arriendo” era de 50 pesetas anuales, que volvían inmediatamente a manos del Hermano Mayor, al presentar este un justificante de haber realizado obras por la misma cantidad.

La guerra civil española

En el siglo XX se viven probablemente los peores momentos de la comunidad. Ya el primero de mayo de 1936, un grupo de personas que aparentemente pasaban un día festivo en el monte, invadieron el eremitorio y profanaron el templo, siendo necesaria la intervención de la Guardia Civil para restablecer el orden.

El 22 de julio es incendiado el Convento de Santa Catalina, por lo que los hermanos, temiendo lo peor, decidieron ocultar los objetos sagrados de más valor. Así, las imágenes de San Antonio Abad y San Pablo, de Salzillo, fueron escondidas en unas tinajas de la almazara de los Teatinos, mientras que la Virgen de la Luz era escondida entre unas paleras junto al corral, aunque posteriormente se logró que fuera considerada una obra de arte, y la trasladaran al Museo Provincial donde estuvo durante toda la guerra.

El Niño, como hemos dicho también de Salzillo, fue encontrado por los asaltantes, y en la plazoleta del eremitorio comenzaron a jugar al futbol con el. Una familia valenciana, que siempre quedó en el anonimato, al ver lo que sucedía, enviaron a su hija pequeña para pedir que le dieran “aquel muñeco” para jugar. Con esta feliz idea, pudo ser salvado de su total destrucción.

Tumba del hermano Bernardo

Tumba del hermano Bernardo fusilado en la guerra civil

El eremitorio quedó arrasado, y los hermanos Andrés y Bernardo fueron fusilados en la subida del Puerto de la Cadena, mientras que Jesús de San José, Jesús de Jesús y María, Hilario de la Ascensión, Matías de la Santísima Trinidad y Tomas del Santísimo Sacramento fueron encarcelados, y los de más edad, Blas y Jerónimo murieron en el asilo donde los ingresaron.

La reconstrucción

Una vez finalizada la guerra, los supervivientes fueron regresando y comenzaron la reconstrucción, con el Hermano Matías como Hermano Mayor. Se recuperaron las imágenes de San Antonio y San Pablo, y la Virgen de la Luz se encontró en el Museo Provincial en varios trozos, siendo restaurada por el escultor murciano Sánchez Lozano en 1940.

Fueron muchas las personas que colaboraron en la reconstrucción del eremitorio, así, por ejemplo, Dª María Codorniú, viuda de D. Juan de La Cierva, regaló el retablo de la capilla de San Pablo. También la familia Rivera donó la imagen de San Federico, en memoria de un hijo fallecido, y D. Luis Orenes, en cumplimiento de una promesa por la curación de su hijo, que atribuyo a la Virgen de la Luz, aportó una imagen del Ángel de la Guarda.

El nuevo retablo del Altar Mayor, construido por el escultor murciano Noguera, fue inaugurado el 17 de enero de 1948.

Confección de escobas y fabricación de chocolate

Las principales actividades laborales que realizaban los hermanos podían reducirse tres: el trabajo agrícola, la confección de escobas y la fabricación de chocolate. Cultivaban el terreno plantado de olivos en las inmediaciones del eremitorio, así como el huerto que hay en el mismo convento, mientras que de la pinada del monte recogían leña para atender las necesidades de la comunidad.

La confección de las escobas estaba a cargo de los más ancianos, que no podían realizar trabajos más duros. Como se comentó anteriormente, se cree que fue el hermano Miguel de la Soledad el que introdujo en la Luz esta artesanía, ya que durante su retiro en San Ginés de la Jara ejercía esta humilde actividad, y tuvo que ser él quien enseño a los anacoretas a hacer estas labores.

Datos tomados del Archivo Municipal de Murcia, indican que el 28 de febrero de 1709, “los hermanos del desierto de la Congregación de Nuestra Señora de la Luz, piden al Ayuntamiento les permita cortar cañas de las de propiedad comunal para hacer escobas”. Otro dato recogido de aquella época señala que el 24 de junio de ese mismo año, los frailes comenzaron a venderlas en Murcia.

Se recuerda con mucho cariño, por ser más reciente, que los hermanos fabricaban un exquisito chocolate, de modo totalmente artesanal.

Envoltorios originales de productos de chocolate

Envoltorios originales de productos de chocolate

El Canónigo de la Catedral de Murcia, Don Pedro Vázquez Cano, que colaboraba con cierta asiduidad en el diario La Verdad, en la sección “ecos de la Ciudad”, que trataba sobre episodios y costumbres murcianas, al tratar en un artículo sobre la industria chocolatera murciana, dice textualmente: ”De todas aquellas fábricas movidas a brazo, solamente ha sobrevivido, aunque ya más modernizada, la de los frailecicos de la Luz, que tras abastecer a muchas distinguidas familias murcianas de su puro y recomendable chocolate, les sirve de ayuda para su modesto vivir, y para las atenciones del culto que diariamente dan en su escondido Santuario de la próxima serranía”.

Desde siempre ha sido muy fluida la relación de los frailes con los habitantes de los pueblos de alrededor, y es tradicional que el segundo día de Pascua, se reúnan familias y amigos para asistir a Misa y luego pasar el resto de la jornada en un ambiente de sana alegría.

La Romería de San Antón

También cada 17 de enero, festividad de San Antonio Abad, los vecinos de Algezares, La Alberca y Santo Ángel celebran la Romería de San Antón, siendo la primera referencia escrita que se tiene un artículo publicado en el Diario La Verdad de fecha 18 de enero de 1900.

En 1906, el famoso periodista murciano Martínez Tornel. Escribe lo siguiente: “La fiesta de San Antón en La Luz es más pintoresca que la de la Puerta de Castilla. Ahí van las mozas arrogantes de Algezares, La Alberca, el Palmar y de parte de mediodía de la huerta, y van a bailar con postizas y al estilo clásico, no a valiera ni a agarrarse, y allí, sus novios o los que saliesen de año con ellas, les obsequian con tremendos pañuelos de cascaruja y de palmitos. Allí hay puestos de todo, y el vino lo llevan en carros y lo venden por azumbres, Y allí esta, humilde y modesta, como una violeta, pero rica e incomparable, la pequeña fuente de agua de la Luz. De ella beben aquellas mozas y les salen a la cara los colores de la salud”.

Romería de nuestra señora de la Luz

Romería de nuestra señora de la Luz – Peña Huertana “el Almirez”

Mas adelante continúa: “Otra cosa hay allí que no quiero dejar de nombrar, porque es cosa famosa y no hay murciano que no la haya probado y saboreado. Me refiero a las olivas de la Luz, cien veces más exquisitas que todas las sevillanas habidas y por haber, y tampoco de este artículo son avaros los hermanos, las dan en abundancia a todos los que las piden y siempre parecen pocas. Saben a no sé qué, a Luz se podía decir, y estimula el apetito muy suave, pero muy hondamente”.

La Peña Huertana “El Almiréz” de Santo Ángel, cuya patrona es la Virgen de la Luz, viene celebrando desde 1980, una romería que traslada a la Virgen de su eremitorio hasta la parroquia del pueblo, y tras tres días de homenajes, se devuelve a su camarín en un ambiente de devoción y sana alegría.

Romería de la peña "El Almirez" | subida al Eremitorio

Ultimas rampas antes de la llegada al eremitorio

La Romería en plena subida y en la siguiente fotografía momento de un homenaje a la hermana Antonia (durante el paso de la romería por Villa Pilar), donde vemos también a Antonio Guerrero, los dos ya tristemente desaparecidos.

La Hermana Antonia Gallego y Antonio Guerrero

En el centro la Hermana Antonia Gallego y a su izquierda Antonio Guerrero

grupo de baile y canto de la peña "El Almirez"

imagen de todo el grupo de la peña huertana “El Almirez” a la llegada al Eremitorio

Y también todos los últimos domingos de octubre vienen centenares de personas de Huescar, La Puebla de Don Fadrique, de donde son patronas las santas Alodía y Nunilón, cuyas imágenes se veneran en el eremitorio, y de la Hermandad de Murcia. Las bajan de su camarín hasta el altar mayor para presidir la misa, y luego la llevan por los alrededores cantando el himno, y acaba la jornada con una comida de hermandad.

las santas Alodía y Nunilón

Las santas Alodía y Nunilón en el Eremitorio de la Luz

El futuro

En 2012 falleció el hermano Manuel, último de los frailes, y el obispo autorizó a los Guadalupanos Eucarísticos de Padre Celestial a residir en el eremitorio y realizar sus actividades. En la actualidad han adoptado en nombre de sus predecesores, y ahora son los Hermanos de la Luz.

Existe gran preocupación entre los vecinos de los pueblos cercanos sobre el futuro del lugar, ya que las divergencias entre el obispado y el Ayuntamiento de Murcia, a quien corresponde el cuidado y las necesarias inversiones de mantenimiento de estas antiguas instalaciones, hace que las veamos cada vez más deterioradas, y nos temamos que un día pueda desaparecer esta parte de nuestra Historia.

Esperemos que la Virgen de la Luz los ilumine y se decidan a realizar las reparaciones y mejoras de este hermoso lugar.

En memoria a tres compañeros

Por último, un recordatorio a estos tres compañeros que nos dejaron recientemente. Ángel Aliaga, José Núñez y el amigo Penchi (Fulgencio Saura). Que descansen en paz.

Como siempre, quiero expresar mi profundo agradecimiento a Jerome Van Passel por su ayuda en el montaje del artículo, así como por aportar sus siempre excelentes fotografías.

Este articulo forma parte del Taller “recopilación de la historia y la memoria de Santo Ángel” 2020-2021.

Bibliografía:
Los Hermanos de la Luz, de José Muñoz Martínez (cura de Algezares). Año 1958.
Ascetismo en imágenes: Los ermitaños del desierto del Sordo, por Concepción de la Peña Velasco y José Antonio Molina Gómez.
Memorias de La Alberca III. Hermandad de Nuestra Señora del Rosario. 1998. Magnifico trabajo de D. Jose Carrasco Albaladejo.
Eremitorio de la Luz en regmurcia.com

Diario laverdad.es:
Cultura inicia un expediente para declarar BIC el Complejo de La Luz
Las grietas y el abandono cercan el histórico eremitorio de La Luz
Varios informes municipales denuncian desde 2010 la degradación de La Luz
Mientras quede un fraile vivo
Vuelve el histórico chocolate de La Luz
Las habitaciones ‘secretas’ del alcalde en La Luz

Fotografías:
Archivo General Región de Murcia
Jerome van Passel
Ángel Matas