La historia de El Reguerón

Abr 11, 2026 | Historia, Noticias, Patrimonio, Santo Ángel

El tramo de el Reguerón que pasa por Santo Ángel (Murcia)

Historia de las riadas y la defensa de la Huerta de Murcia

Santo Ángel, abril 2026 | Ángel Matas Zapata.

La historia de Murcia y su huerta es la historia de una lucha constante contra la fuerza del agua. Durante siglos, el caprichoso e indomable río Guadalentín ha marcado el destino de nuestros campos, trayendo tanta vida como destrucción. En este artículo, recorremos el pasado de nuestra vega para comprender cómo nació una de las obras de ingeniería más importantes y, a la vez, más ignoradas de nuestra zona: El Reguerón. Un viaje en el tiempo salpicado de recuerdos, riadas históricas y un sincero homenaje a los vecinos de Santo Ángel que sufrieron sus consecuencias.

Plano de los riesgos de la huerta de Murcia (1878)

Cartografía de los cauces de la Huerta de Murcia (30 de octubre de 1878) – identificación del Reguerón en azul

El origen de una gran idea olvidada

Después de un tiempo sin que el antiguo taller de recopilación de artículos sobre nuestro pueblo y alrededores no haya publicado nada en esta web, nuestro buen amigo Jerome, entusiasta de todos estos temas, sugirió la idea de hacer un trabajo sobre un tema tan olvidado en nuestra historia como es El Reguerón.

Es probable que la fértil vega murciana no fuera el emplazamiento más idóneo para grandes asentamientos en la antigüedad, debido a la inseguridad que provocaban las constantes inundaciones de los ríos Segura y Guadalentín.

Los primeros pobladores de la vega del Segura

Recientemente se han cumplido 1200 años desde la fundación de la ciudad de Murcia por parte del emir de Cordoba Abderraman II, que la llamó Medina Mursiya. Si bien es cierto, esto no ocurrió en un paraje inhóspito y deshabitado, pues la fertilidad del valle del Segura atrajo núcleos de población a los territorios adyacentes de la ciudad desde, al menos, el segundo milenio antes de Cristo. Las frecuentes riadas hicieron que los pobladores se ubicaran en las zonas elevadas por su seguridad.

De este modo, contamos con tres importantes asentamientos argáricos muy cerca del casco urbano de Murcia: el Puntarrón Chico en Beniajan, Monteagudo y el Verdolay en La Alberca. Los dos últimos fueron también lugares de asentamientos de los antiguos íberos, que vivieron en dos de los poblados más prósperos del sureste peninsular entre los siglos V y II a.C. Conocemos a los íberos que vivieron en Verdolay y Monteagudo por las casas de sus poblados, sus tumbas con ajuares, sus monumentos escultóricos y por los exvotos de bronce del Santuario de La Luz.

Huerta de Murcia después de la Riada Santa de Teresa

Casas destruidas en el camino de Beniaján tras la riada de Santa Teresa 15/10/1879 [ Archivo Regional – Juan Almagro ]

Entre el mito de Murtia y la realidad del clima

Que Murcia es una fundación islámica no hay duda, pero “algo de romanos también tenemos los murcianos”. La cosa fue más o menos así.

Se ha popularizado la idea de que Murcia fue fundada un 25 de junio del año 825, aunque la realidad es que ya existía un pequeño poblado en la zona cuyos orígenes se remontarían a una Villa Romana llamada Murtia.

El dilema histórico entre el riesgo y la fertilidad

Se la llamó así en clara referencia a la existencia de humedales y mirtos (arrayanes) alrededor de ella.

También en el tema de la lluvia, como en tantos otros, nuestra región es una zona de contrastes extremos. Murcia se ha movido tradicionalmente entre sequías severas e inundaciones absolutamente destructoras.

El peligro asumido por los agricultores

Como hemos visto, una tendencia natural ha impulsado al hombre, desde sus primeros pasos sobre la tierra, a asentarse en los aledaños del agua, avanzando más y más hacia ella a través del tiempo. Este hecho, en un medio enormemente agresivo, como son los ríos murcianos, se tradujo en numerosas pérdidas de cosecha, poblaciones destruidas y multitud de muertes a lo largo de la historia.

Sin embargo, este progresivo acercamiento a los ríos no constituía un hecho caprichoso. En la región de Murcia, el estar más próximo a los cauces fluviales implicaba también factores positivos: los fértiles valles posibilitaban abundantes cosechas de excelente calidad en caso de bonanza. El riesgo fue asumido por los agricultores de la región durante siglos. Las consecuencias, como veremos, serían desastrosas en numerosas ocasiones.

Inicio de la parte amurallada de El Reguerón en El Palmar

Inicio de la parte amurallada del Reguerón en El Palmar

La llegada árabe y el cambio de estrategia

Se intentaba aprovechar la parte beneficiosa de las avenidas: terrenos húmedos, abundancia de tarquines [1] que fertilizaban la tierra… Algo que comienzan a hacer los murcianos en el siglo IX, con la llegada de los árabes y la construcción en los valles de redes de acequias y azarbes [2].

Esto motivó también un cambio en la estrategia secular de enfrentarse al fenómeno sempiterno de las riadas: de la adaptación al fenómeno de las avenidas [3], el murciano se vio obligado a pasar a la lucha contra ellas. Era la única manera de sobrevivir en el hábitat que había elegido.

De hecho, la decisión de fundar la ciudad de Murcia justo en el punto más bajo del valle del Segura, supuso una opción nefasta desde el punto de vista de la seguridad.

El río más salvaje de Europa

Una vez finalizada esta introducción «histórica», entraremos de lleno en el motivo central de este trabajo:

Empezaremos por un dato que nos ha llamado poderosamente la atención, y es que el río Guadalentín es conocido como el más salvaje de Europa. Tal vez resulta exagerado darle esa fama, pero así lo calificó el geógrafo francés Maurice Pardé en 1956, al considerar que su caudal es de lo más variable, siendo capaz de pasar de una sequedad extrema a la mayor de las crecidas en apenas cuestión de horas.

Obras hidráulicas históricas en la huerta de Murcia

El Reguerón durante su recorrido por El Palmar

El «Río de fango» y sus primeras consecuencias

Las aguas del Wad-al-littin, que quiere decir Rio de fango, aportaron riqueza a extensas zonas del campo de Lorca (donde aún se siguen utilizando para riego) y algunas parcelas de Totana. Pero el Guadalentín también aportó desgracias. La escasa cobertura vegetal de toda la cuenca ha hecho posible que a lo largo de la historia las lluvias torrenciales se convirtieran en muchas ocasiones en graves avenidas e inundaciones, que destruyeron importantes barrios de ciudades como Lorca, anegaron vegas como las de esta población, Totana, Alhama y Murcia, reventaron presas como la de Puentes (Lorca) y acabaron con varios cientos de vidas.

Una historia de avenidas

De este «río de fango» diversas culturas a lo largo de la historia han sacado provecho y han sufrido su desboque. Fueron los árabes los que mejor acertaron a aprovechar las aguas del Guadalentín. Curiosamente, estamos ante la cuenca que primero se reguló mediante la construcción de grandes presas. De hecho hasta el año 1788 el mayor embalse del país había sido el de Tibi (Alicante). En aquel año cerraban sus compuertas los de Valdeinfierno y Puentes, con mayor capacidad. Pero aquella regulación se hizo, no para contener las avenidas, sino para aprovechar las aguas de la parte alta de la cuenca con la finalidad regar el campo de Lorca.

Infraestructura tradicional - El Reguerón en Murcia

Vías de comunicación y la falta de registros antiguos

El viejo Wad-al-littin y su amplio valle, formado tras miles de años de aportes sedimentarios, configuraron también una de las más importantes vías de comunicación naturales entre Murcia y Andalucía, lo cual hizo posible el asentamiento de diversas culturas en los márgenes del mismo. Así surgieron Lorca, Aledo, Alhama, Librilla y posteriormente Totana.

Avenidas históricas

Aunque se tienen noticias de avenidas acaecidas incluso antes de nuestra era –como la riada de Julio César, en el 47 a. de C.–, no existen datos fiables sobre lo veraz de su existencia. Durante siglos, las avenidas fueron escasamente documentadas. Esto, unido a la inexistencia de cualquier tipo de criterio unificador hace que se desconozca casi todo sobre las riadas anteriores al siglo XIII.

La Catedral de Murcia como improvisado medidor

Frailes y monjes fueron quienes, durante siglos, se encargaron de realizar las observaciones y tomar las mediciones, convertidos en voluntariosos pero poco rigurosos climatólogos. Prueba del escaso rigor con que se tomaban estos datos, es el hecho de que la catedral constituyó, durante 3 siglos, un auténtico y gigantesco medidor. Se expresaba la virulencia de cada riada en función de la altura alcanzada por las aguas, en relación a este edificio. A finales del siglo XIII se habló ya, por primera vez, de un fenómeno que se evidencia especialmente dañino para los murcianos: el de la confluencia de las aguas del Segura y Guadalentín poco antes de su llegada a la capital. Durante siglos, esta circunstancia produjo en Murcia unas avenidas especialmente violentas, ocasionando un interminable reguero de muertos y la destrucción intermitente de poblaciones y regadíos.

Detalle de muro de Reguerón en Murcia

Detalle del muro del Reguerón

Profecías cumplidas y la Riada de San Lucas

No se aventuró mucho Vicente Ferrer cuando vaticinó a su paso por Murcia, a comienzos del siglos XV, que “este lobo (el río) se comerá a la oveja” (la ciudad). Sólo era cuestión de tiempo el que se cumpliera su pronóstico. Cuando tres décadas y media después se produjo una virulenta inundación, no faltó quien recordara su frase.

En 1545 una gran avenida destruyó cientos de casas en Murcia. Desgraciadamente esta circunstancia no constituía una novedad, pero sí lo era el hecho de que la riada se conociera con el nombre de San Lucas. Fue a partir de ella cuando comenzó a denominárselas con el nombre del santo del día.

El puente del Reguerón en construcción en 1943

Obras de construcción del puente sobre el canal del Reguerón en la carretera de Santa Catalina [ Archivo General – 1948 ]

El puente del Reguerón 2026

El mismo puente del Reguerón 2026

El inicio de las estadísticas y el desastre de San Calixto

También comenzaron a aportarse más datos al referirse a ellas, (hora, cota máxima alcanzada…). Además, se las comienza a describir con hechos concretos y daños producidos. Todas estas circunstancias provocan que su estudio a partir de aquí contengan datos estadísticos aprovechables.

La fuerza de aquella riada fue tal, que provocó el cambio de emplazamiento de poblaciones como Alguazas o Alcantarilla, que hubieron de ser reconstruidas en
emplazamientos más altos.

Inundación por desbordamiento y rotura de Reguerón el 14 de septiembre del 1942

Inundación por desbordamiento y rotura de Reguerón el 14 de septiembre del 1942 [ Archivo General ]

El siglo XVII vería producirse dos de las mayores avenidas en la historia de la región, separadas tan sólo por dos años: la riada de San Calixto produjo en la región más de un millar de muertos –la cifra más alta de todas. Las crónicas dicen que la huerta quedó convertida en “un pedazo de océano”. En la catedral el nivel del agua ascendió varios metros. Destruyó casas, conventos, torres huertanas y barracas. Ahogó ganados y arrancó árboles de cuajo. En Murcia derribó barrios enteros.

Crónicas de destrucción y tragedias decimonónicas

Una semana después, el agua aún sobrepasaba en la capital los pisos bajos. La población de la ciudad de Murcia se redujo hasta no alcanzar el medio millar de habitantes.

Así la describe Baquero Almansa: “Sábado 14 de octubre de 1651, a las tres de la madrugada comenzó a llover con tanta fuerza que los más recios edificios temblaban y a las seis, juntándose con el río Segura los de Lorca y Mula y las ramblas de Nogalte y Sangonera, creció de suerte que inundó por completo la huerta, a las ocho acometió a la ciudad y rompiendo todos los reparos, la dejó convertida en un pedazo de Océano”.

Ilustración de la Riada de Santa Teresa del 15 de octubre de 1879 del Barrio de San Benito en Murcia

 

Ilustración (a base de una fotografía de Juan Almagro) de la riada de Santa Teresa del 15 de octubre de 1879 en el barrio de San Benito (Barrio del Carmen) en Murcia

Ya en el siglo XIX, en concreto en 1802, otra catástrofe provocada por las fuertes lluvias causaría el colapso de la presa de Puentes por segunda vez, muriendo más de 600 personas en Lorca. Tampoco se puede obviar la tan famosa y mortífera riada de Santa Teresa a mediados de octubre de 1879, donde perecieron más de mil almas y alrededor de 22.000 animales, quedando reducidas a escombros casi 6.000 viviendas. Esta situación, propició una gran ola de solidaridad sin precedentes en nuestra región, que traspasaría las fronteras de España. Y todavía está en nuestras retinas, la última gran crecida causada por la Dana del año 2019, donde la huerta padeció otra gran inundación a pesar de haber mejores defensas contra estas.

El agua como arma de guerra defensiva

No todas las avenidas acaecidas en la región han estado originadas por causas naturales. Hasta en tres ocasiones Murcia y su huerta se vieron inundadas por las aguas del Segura de manera intencionada. Normalmente han obedecido a estrategias de defensa contra ejércitos enemigos.

La primera de estas ocasiones fue en 1393. En una operación de castigo contra el concejo de la ciudad de Murcia, Alfonso Yáñez Fajardo, marqués de los Vélez y adelantado del Reino de Murcia, destruyó las dos acequias mayores, inundando la vega media.

Flora silvestre en las orillas del Reguerón

Flora silvestre en las orillas del Reguerón (Primavera 2026)

Las inundaciones estratégicas de 1430 y 1706

No pasaron muchos años hasta producirse la siguiente avenida intencionada. En 1430, el rey de Aragón, Alfonso el Magnánimo, en pie de guerra, estaba preparado para invadir la ciudad. Para evitarlo se dispusieron gran cantidad de atochadas – entramados de esparto utilizados en la canalización de acequias– en el río a su paso por la puerta de Orihuela. La huerta quedó inundada, pero el objetivo de impedir la entrada de las tropas enemigas quedó cumplido.

El 4 de septiembre de 1706 se produce la tercera y última inundación provocada en la historia de Murcia: Belluga, obispo de Cartagena, capitán general del reino de Murcia y gran defensor de la causa borbónica, destruye las dos acequias mayores e inunda la ciudad y su vega. Con esta acción impidió el paso de las tropas partidarias del archiduque Carlos, que se batió en retirada con su ejército de 9000 hombres.

El plan para desviar el río Guadalentín

Un siglo más tarde, en 1837, aun estuvo a punto la ciudad de verse inundada de nuevo por la mano del hombre. En esta ocasión fue el propio ayuntamiento de Murcia el que tomó medidas para inundar la ciudad si las tropas carlistas intentaban tomarla. Afortunadamente no fue necesario, y la ciudad se salvó de tal calamidad.

Los frecuentes desastres hicieron que durante siglos se intentara buscar una solución. Desde el siglo XVII, la propuesta era desviar el cauce del Guadalentín, de forma que no se uniese al Segura hasta una vez pasada la ciudad de Murcia.

El Canal del Reguerón

Así nace el Canal del Reguerón que es el cauce que sirve para recoger las aguas de las avenidas del río Guadalentín, justo antes de la capital, a la altura de Sangonera la Verde, y trasladarlas, una vez sobrepasada ésta, al rio Segura en El Rincón de Villanueva, cerca de Beniaján.

Una de las escaleras para cruzar el Reguerón

Una de las escaleras para cruzar el Reguerón

Vista desde el fondo del Reguerón

Vista desde el fondo del Reguerón

Un informe realizado por técnicos poco después de una gran riada ocurrida en el siglo XVIII, se expresaba así respecto al problema de las inundaciones en Murcia: “El remedio sin que se contemple otro es desviar el curso del Sangonera, por donde sea más distante reduciéndolo a madre, para que de esta suerte, enfrenado su orgullo, nunca se puedan comunicar con las aguas del Segura y la huerta se liberte de sus inundaciones”.

Los precedentes: de La Lucía a Los Comunes

El primer intento de evitar esta fatídica unión fue la Lucia, un simple muro que cortaba el paso de las aguas hacia la ciudad y las encaminaba por otra salida. El momento de su puesta en funcionamiento no está claro –hay quien se remonta incluso a época romana–, pero parece probado que existía antes del siglo XI. Se trata de un precedente del canal del Reguerón que, ochocientos años más tarde, sería la solución definitiva a este grave problema.

Pero nos centraremos en los episodios que han sucedido a lo largo de la historia de nuestra Murcia para solucionar los envites del río Guadalentín, considerado uno de los más peligrosos de Europa. Desde antaño, el concejo capitalino ha intentado solucionar en parte el problema desviando sus aguas para evitar la inundación de la ciudad, a pesar de tener la gran muralla que la rodeaba hacia la huerta mediodía.

El Reguerón en 2018

Cauce del Reguerón en diciembre de 2018

El río Guadalentín, a la altura de Sangonera, se dividió en dos en el partidor denominado de Los Comunes. A partir de esta zona, el río Guadalentín perdería su nombre, llamándose el brazo izquierdo río de Los Comunes, siendo el brazo derecho el que se llamaría río Nuevo o Reguerón. Este sistema de reparto del agua procedente de las avenidas por toda la huerta de la margen derecha del Segura, no acabaría con el problema, ni incluso con la apertura del aliviadero de La Azacaya, ya en aquella época.

La evolución del trazado en el siglo XVIII

A mitad del siglo XVIII, el ingeniero Sebastián Feringán, realizaría otro proyecto para realizar un canal por la huerta mediodía [4], hasta la zona de Beniel. Entonces se puede apreciar que el Reguerón no desembocaba todavía en el río Segura, sino en azarbes entre Los Garres y Beniaján, intentando repartir el agua de las riadas, llevándola desde el siglo XVIII incluso hasta Orihuela y no solucionando el problema, puesto que muchas zonas de la huerta de las pedanías de la costera sur seguían padeciéndolas.

El problema persistiría y durante todo el siglo XIX se sucedieron multitud de reuniones entre los afectados, Hacendados y Ayuntamiento, donde se debatían las posibles mejoras en el canal, como su monda [5], reparaciones de los malecones…etc.

Los esfuerzos de financiación de Díaz Cassou

En septiembre de 1877, realizándose Juntamiento General de los Hacendados de la Huerta, siendo representante de estos en la comisión para las obras del Reguerón Pedro Díaz Cassou, se debatió la necesidad de realizar obras de acondicionamiento del Reguerón y quién debería costearlas, si los Hacendados o el Ayuntamiento, e imponiéndose la cordura, llegaban al acuerdo de que las obras eran para un bien común, como ya se acordaría en 1863 en otro Juntamiento. En aquellos años el Ayuntamiento carecía de fondos para hacer frente a los gastos ocasionados por estas. Díaz Cassou, como representante de los Hacendados, transmitiría que los mismos harían un préstamo al Ayuntamiento, que este debería de devolverles y no causando esta situación precedente, se prestarían 40.000 reales de vellón.

Carril Mota del Reguerón

El 5 de noviembre de 1878 comenzaron las obras en el Reguerón con 50 obreros, pero no sin problemas, ya que se abrieron varios expedientes de expropiación de terrenos que no cumplían los requisitos legales y varias quejas por falta de información a los propietarios. El martes 18 de marzo de 1879 se realizaría una inspección de las obras, quedando los políticos de turno muy satisfechos y convencidos de que la huerta no se inundaría por ninguna avenida del Segura. Se subestimó a la madre naturaleza. En octubre de 1879, como mencioné en líneas precedentes, se produjo una de las riadas más desastrosas en Murcia y Orihuela.

Quejas vecinales y la llegada del cemento

En 1880, los problemas siguieron latentes con mas quejas sobre el estado del Reguerón. Por ejemplo, denunciaban los ciudadanos que las motas de tierra eran mas altas que los puentes de La Alberca y Algezares, solicitando que los malecones pasaran a construirse de sillería [6]. En ese mismo año, el alcalde de turno, Pedro Díaz, comunicó en prensa que otra avenida, primera desde la fatídica fecha del 15 de octubre de 1879, rompería de nuevo los márgenes inundando parte de la huerta, a pesar de haberse realizado en el canal obras de importancia. En 1885 se realizaría un primer congreso para abordar el gran inconveniente de las inundaciones.

Ya entrado el siglo XX, y al final del primer tercio del mismo, el canal del Reguerón seguía teniendo los malecones de tierra, siendo con la aparición del cemento Portland, a partir de los años 40, cuando comenzó a fraguarse el canal tal y como lo conocemos en la actualidad, con los márgenes hormigonados o empedrados, desde El Palmar hasta el Segura; estos, fueron unidos entre finales de 1.878 y principios de 1.879.

De la caracola al Sistema Automático de Información Hidrológica

Durante siglos, el toque a rebato de las campanas o el sonido lastimero de la caracola, entonado por atribulados huertanos cuando veían crecer las aguas del río y anegar sus cosechas, eran utilizados como sistemas de alarma para avisar a los agricultores situados río abajo del peligro de una inundación. A pesar de lo rudimentario del sistema y la escasa maniobrabilidad a que daba lugar, los huertanos siguieron utilizándolo hasta el siglo XX.

Afortunadamente, las nuevas tecnologías hace tiempo que arrinconaron las caracolas y el nervioso toque de las campanas.

Me gustaría terminar este trabajo con un cariñoso recuerdo a todos los vecinos de nuestro pueblo que a lo largo del tiempo han sufrido las consecuencias de estas inundaciones. Además quisiera hacerlo mencionando a una familia, y como parte de ella a nuestra buena amiga Eva Gambín, que sufrió las consecuencias de la terrible riada del 19 de septiembre de 1973.

Canal del Reguerón después de la DANA del 2019

Puente de la carretera de Santa Catalina después de la DANA del 2019

Un homenaje a los vecinos de Santo Ángel

Eva, aunque nacida en Santo Angel, vivía por aquel entonces en la carretera de Santa Catalina. Aquella noche, y sin previo aviso, sufrieron el envite de una gran cantidad de agua que llego a alcanzar casi los dos metros de altura. Lo perdieron todo y tuvieron el tiempo justo de escapar con lo puesto.

Esta catástrofe rompió a la familia, y así por ejemplo, Eva paso los siguientes tres años interna en el Colegio de las Hermanas de Cristo Crucificado en Elche de la Sierra, hasta que posteriormente pudo regresar a Murcia.

Sirva este pequeño homenaje como muestra de gratitud a Eva y a su esposo Jerome, que colaboran muy estrechamente en estos trabajos sobre la historia de nuestro pueblo, con la subida a Internet de los mismos, la corrección de errores, y con las fotografías, para que puedan leerlos aquellos a quienes les interesen estos relatos.

Canal del Reguerón en 2019

Canal del Reguerón después de la DANA del 2019

El guardián de nuestra hermosa huerta

Las inundaciones siguen siendo la tónica habitual en la huerta de Murcia, y a pesar de las notables mejoras en las canalizaciones y presas en prevención de estas, hay que seguir vigilantes, por si despierta de forma brava el río Guadalentín en su discurrir con el rio Segura.

Espero que este trabajo haya sido de interés, y que cuando en nuestros viajes de ida y vuelta a Murcia subamos la cuestecilla del Reguerón, miremos con cariño a esta pequeña parte de nuestra historia y lo valoremos como el guardián que nos protege de las peligrosas avenidas, que tanto daño han causado a nuestra hermosa huerta y a sus habitantes.

Más información

1) El tarquín

En términos sencillos, el tarquín es el lodo o sedimento finísimo que las aguas de una inundación dejan depositado sobre la tierra cuando se retiran. Este lodo funcionaba como un abono natural que renovaba la potencia de la tierra año tras año. El tarquín tiene dos grandes inconvenientes: Colmatación, el tarquín es tan fino que se deposita en el fondo de las acequias y azarbes y las va cegando (rellenando). Esto obliga a realizar las famosas «mondas» (limpiezas manuales de los cauces) para que el agua pueda seguir corriendo. Compactación, cuando el tarquín se seca sobre una vivienda o un camino, se vuelve duro como el cemento.

2) Acequias y azarbes

Una acequia es un canal o zanja, la mayoría de las veces construido por el ser humano, que se utiliza para conducir el agua desde un río, embalse o manantial hasta los campos de cultivo para el regadío, o incluso para abastecer a las poblaciones. Un azarbe es un canal que sirve para recoger el agua sobrante de los riegos y las filtraciones de la tierra para volver a utilizarla o devolverla al río.

3) Avenidas de agua

Una avenida es una masa enorme de agua que baja por el cauce en muy poco tiempo debido a lluvias torrenciales (típicas de la Gota Fría o DANA). Lo que diferencia a una avenida de un río normal es su violencia y su carga: no es solo agua, viene llena de cañas, árboles arrancados, piedras y los famosos tarquines (lodos). El Río Guadalentín es un río que está seco el 99% del tiempo, pero cuando llega una «avenida», su caudal puede superar al del río Ebro en cuestión de minutos.

El Reguerón fue construido precisamente para «sacar» esas avenidas del Guadalentín antes de que lleguen a la ciudad de Murcia. En el lenguaje técnico, la avenida es el fenómeno físico (el volumen de agua moviéndose), mientras que la riada o inundación es el desastre que ocurre cuando esa avenida supera la capacidad del río y se mete en la zona habitada.

4) La Huerta de Mediodía

La Huerta de Mediodía es la zona de la huerta que queda a la derecha del río Segura (mirando hacia el mar), es decir, la franja que se extiende a los pies de la cordillera sur (la Cresta del Gallo, El Valle, Santo Ángel, La Alberca, etc.

5) La monda

Se refiere específicamente a la limpieza profunda y retirada de sedimentos (lodo, fango, maleza y restos orgánicos) del fondo y los cajeros de las acequias y azarbes. El material extraído se solía depositar en los márgenes, creando esos caminos elevados tan típicos de la huerta que llamamos «motas» (como la Mota del Reguerón). Históricamente, la monda se realiza durante las «paradas». Son periodos del año en los que se corta el paso del agua desde las presas o azudes para que los cauces se queden secos y los regantes puedan bajar al fondo a limpiar.

«Echar la monda«

Antiguamente, la monda era una labor comunitaria. Los herederos (propietarios de tierras con derecho a agua) estaban obligados por las Ordenanzas de la Junta de Hacendados a limpiar el tramo de acequia que pasaba por su propiedad o a pagar a los «mondadores». En Murcia, cuando algo está muy limpio o alguien va muy arreglado, a veces se usa la expresión «está como una monda», haciendo referencia a la imagen de una acequia recién limpia.

6) El peligro de las «motas de tierra» frente a los puentes

Había un conflicto técnico y de seguridad muy común durante la consolidación de El Reguerón en el siglo XVIII y XIX. Si la mota de tierra es más alta que el ojo (el hueco) del puente, el puente se convierte en una presa. Cuando venía una riada, el agua no podía pasar por debajo del puente porque este era demasiado pequeño o bajo. El agua chocaba contra el puente, se acumulaba y terminaba reventando las motas de tierra laterales, inundando las zonas alrededores.

Los ciudadanos pedían que los malecones (los muros) dejaran de ser de tierra y pasaran a ser de sillería, un sistema de construcción que utiliza sillares (bloques de piedra labrados con precisión, normalmente de gran tamaño). Los muros de tierra se deshacían con la fuerza del agua (erosión). Los muros de sillería, al ser de piedra maciza y pesada, ofrecían una resistencia estructural real. De nada servía tener muros muy altos para contener mucha agua si, al llegar al puente, el espacio para que el agua pasara era menor que la capacidad del canal.

Bibliografía

Cronología de riadas en la cuenca del Segura
Fue la tormenta más grande de la historia
Reportaje de la Depresión Aislada en Niveles Altos del 2019
Institución Fernando el Católico
Las infraestructuras de defensa de avenidas
Confederación Hidrográfica del Segura
El Guadalentín, el río más salvaje de Europa
La huerta de Murcia y las avenidas del Guadalentín (Francisco Calvo García-Tornel – 1968)
Sobre los orígenes de la ciudad de Murcia (Carlos Espí Forcén)
Artículos de Raúl Jiménez y Lorca cronista de Torreagüera

Fotografías e imágenes

Archivo General Region de Murcia
Reportaje fotográfico sobre el canal del Reguerón
Biblioteca Nacional de España
María Manzanera (2002): La Imagen Transparente
Fotomatiz

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