Cómo nuestras huellas destruyen el monte de Murcia
El cambio climático hiere al monte, pero la presión humana descontrolada es el cómplice que acelera su final. Pegado a la gran urbe, el Parque de El Valle sufre una masificación y un abandono institucional que destruyen su suelo y su fauna. En esta cuarta entrega, analizamos cómo el ocio diario y el incivismo han convertido este santuario ecológico en una auténtica bomba de relojería.

Hoy en día, fusionar el entorno natural con las redes sociales es parte de una nueva cultura para conectar con el paisaje.
La presión antrópica
El calentamiento global es el asesino global, pero las actividades humanas sobre el terreno actúan como el cómplice diario que acelera la agonía del parque forestal. A este fenómeno los científicos lo denominan presión antrópica, y en El Valle adquiere tintes dramáticos debido a un factor geográfico evidente: el parque está pegado a la ciudad de Murcia y rodeado por pueblos en constante crecimiento urbanístico, como Santo Ángel, La Alberca o Los Garres. Lo que debería ser gestionado con un cuidado extremo como un santuario ecológico frágil, se ha convertido en un parque de atracciones masivo para el ocio deportivo y de recreo de una población metropolitana de casi medio millón de personas. Esta hiperfrecuentación humana descontrolada destruye de forma progresiva la fina, delicada y desprotegida capa de suelo de nuestro semiárido.

La anilla fija para latas se patentó en 1975 y se estandarizó a finales de los 80. Por eso, las que muestran estas fotos (2021-2022) probablemente lleven unas cuatro décadas contaminando el suelo del bosque
El daño físico irreversible
El medio natural ha dejado de ser un espacio exclusivo para especialistas experimentados con una alta sensibilidad ambiental, abriéndose a un público general masivo que muchas veces desconoce el impacto biótico y abiótico de sus acciones en el monte. Uno de los focos de degradación física más preocupantes e investigados en los últimos años es el impacto provocado por la proliferación descontrolada de las bicicletas de montaña, especialmente en la modalidad de ciclismo de montaña o descensos extremos (BTT / Downhill).

De una colección de 1.500 fotos de basura abandonada en el parque, tres de ellas muestran una realidad alarmante: materiales inflamables en medio del bosque, con la inquietante ironía del papel de fumar FSC (su eslogan reza: «Cuidando de nuestros bosques»). Y la primera foto habla por sí sola, que le den al bosque.
Las quejas y sugerencias de los propios usuarios y senderistas tradicionales no han parado de aumentar, reclamando una mayor regulación, señalización y presencia urgente de agentes medioambientales ante la velocidad excesiva e inadecuada de algunos ciclistas en determinados senderos. Pero el verdadero drama no es solo el conflicto de uso entre personas, sino el daño físico irreversible al terreno. El paso repetido de los neumáticos de las bicicletas de montaña a altas velocidades en laderas con fuertes pendientes provoca impactos severos en el suelo forestal:
1. Pérdida de la cubierta vegetal superficial y del sotobosque:
Las ruedas destruyen los pequeños arbustos, plantas herbáceas y musgos que actúan como la piel natural del monte, dejando la tierra completamente desnuda y desprotegida ante las inclemencias del tiempo.

Carretera del Valle (2023)
2. Compactación severa del terreno:
El peso concentrado de la bicicleta de montaña prensa la tierra con fuerza. Al compactarse, el suelo pierde su porosidad natural y destruye por completo la rica microfauna subterránea, estrangulando además las raíces más superficiales de los pinos sanos que intentan buscar nutrientes cerca de la superficie.
3. Destrucción de la capacidad de infiltración hídrica:
Al convertirse el suelo en una superficie dura y compacta similar al asfalto, el agua de lluvia es incapaz de filtrarse hacia el subsuelo. Cuando llueve, el agua resbala sobre el terreno compactado, ganando una velocidad y una fuerza destructiva que abre profundas zanjas, cárcavas y surcos en mitad de los caminos oficiales.

4. Apertura masiva de sendas ilegales
El comportamiento incívico de una minoría de usuarios que deciden salirse de las pistas autorizadas para abrir nuevos senderos humanos campo a través o «atajos» destruye la conectividad del ecosistema. Esta fragmentación de hábitats (medida por los científicos a través de índices complejos como el NATURFRAG) genera un destructivo «efecto barrera». La masificación y el ruido constante alteran gravemente las conductas de caza y reproducción de la fauna silvestre, ahuyentando y desplazando de sus territorios históricos a especies tan emblemáticas y sensibles como el búho real (Bubo bubo).
Prevención forestal y vigilancia contra incendios
Para colmo de males, mientras la presión de los visitantes se ha disparado de forma exponencial en las últimas dos décadas, las administraciones públicas han respondido con dejadez presupuestaria. Los datos oficiales analizados en tesis doctorales demuestran que, en periodos críticos del inicio de esta crisis forestal, el equipo encargado del mantenimiento integral de El Valle se redujo drásticamente a la mitad en cuestión de cinco años, al igual que los servicios de prevención forestal y vigilancia contra incendios, quedando las plantillas y los recursos económicos muy por debajo de lo que un parque periurbano de esta magnitud necesita desesperadamente para no colapsar. El monte se ha quedado solo e indefenso justo cuando más humanos lo invaden.

Las consecuencias de un incendio en El Valle (2024)
El drama de los incendios forestales
La consecuencia más inmediata y aterradora de combinar el cambio climático, la sequía invisible, la muerte masiva de árboles por barrenillo y la masificación humana es la conversión del Parque Regional de El Valle y Carrascoy en una auténtica bomba de relojería forestal. El paisaje idílico de pinos verdes del siglo pasado está dejando paso a laderas enteras cubiertas por un inmenso y trágico manto de biomasa muerta y miles de pinos secos que se mantienen en pie o caídos sobre el terreno.

Colilla de cigarrillo abandonada sobre el suelo seco del bosque en el Parque Regional El Valle
Para los ingenieros de extinción, este escenario no es más que un gigantesco polvorín repleto de combustible fino y altamente inflamable listo para arder ante la más mínima chispa. El riesgo de que se desaten grandes incendios forestales de copas, aquellos fuegos destructivos que avanzan a toda velocidad saltando de copa en copa por la parte alta de los árboles, empujados por el viento y siendo completamente incontrolables para los medios terrestres, se ha disparado a niveles críticos e históricos.

Restos de una hoguera encendida ilegalmente en El Valle
Un entorno forestal tardará décadas en recuperarse
Ya hemos tenido avisos muy serios y dramáticos que nos demuestran que la tragedia ronda el parque de forma constante. Uno de los episodios más graves de los últimos años afectó gravemente a 177 hectáreas de terreno forestal de alto valor ecológico en la zona de Los Garres, destruyendo en pocas horas un entorno forestal que tardará décadas en recuperarse si es que las condiciones climáticas actuales permiten su regeneración natural.

Terreno montañoso completamente cubierto de ceniza y árboles quemados después de un grave incendio forestal en El Valle (2024)
Pero la alerta roja saltó de forma definitiva en la madrugada del 2 de septiembre de 2023, cuando la Brigada de Investigación de Delitos Ambientales (BRIDA) de la Región de Murcia halló evidencias incuestionables de que el pavoroso incendio acontecido días antes, concretamente la noche del 29 de agosto en pleno corazón de El Valle Perdido, había sido completamente intencionado. Alguien, con una maldad e irresponsabilidad infinitas, decidió prender fuego al monte en el peor momento posible, aprovechando la oscuridad de la noche.

Helicóptero de bomberos cargando agua en su helibalde para extinguir un incendio forestal en el Parque Regional El Valle
Fin de este capítulo
Has completado esta parte del análisis, pero la radiografía de El Valle continúa.
Parte 1: El pulmón verde de Murcia en peligro
Parte 2: La ciencia del colapso
Parte 3: Anatomía de un colapso biológico
Parte 4: Cómo nuestras huellas destruyen el monte
Somos una presencia incómoda para quienes prefieren el silencio
Desde hace ya más de una década, un equipo de voluntarios se encarga de dar vida a esta página web para dar a conocer la cultura, las fiestas y la cruda realidad de Santo Ángel y sus alrededores.
La preparación de esta serie de artículos nos ha llevado más de tres años. Para evitar que se convirtiera en una historia interminable, hemos dejado de lado temas importantes, como el impacto de las especies invasoras. No obstante, esos temas también se tratarán en próximos artículos.
¿Tienes alguna pregunta o comentario? ¡Ponte en contacto con nosotros! Nos encantaría saber qué opinas de nuestro trabajo. Y si no quieres perderte ninguna noticia sobre nuestro pueblo o esta zona, no olvides suscribirte a nuestra lista de correo al final de esta página.
Bibliografía:
Puedes encontrar la lista completa al final de esta página: El pulmón verde de Murcia en peligro
Fotografías: santoangel.red
Todas las imágenes que ilustran este reportaje son fotografías reales y capturadas sobre el terreno en el Parque Regional de El Valle y Carrascoy desde el año 2010.








