El convento de los Franciscanos

Santo Ángel 2018 | Ángel Matas Zapata.

El convento se encuentra ubicado en la ladera del Monte de Santa Catalina, al límite suroeste del núcleo urbano de Santo Ángel. Se trata de un paraje de singular riqueza y significación cultural, en el que se localiza el conjunto arqueológico de ‘El Cabecico del Tesoro‘ (poblado, santuario y necrópolis ibérica), el Castillo islámico de La Luz o del Verdolay (s. XII), así como la ermita barroca de San Antonio el Pobre (La Alberca).

El conjunto arquitectónico de Santa Catalina del Monte es uno de los enclaves patrimoniales más relevantes del municipio y la región de Murcia. Comprende el convento franciscano, el Palacio Episcopal de Verano (construído entre 1789 y 1805 por el Arquitecto Mateo Gilabert , de estilo Barroco), el jardín y el huerto.

En las esquinas y portadas de los edificios se conservan varios escudos, todos ellos protegidos y declarados Bienes de Interés Cultural (BIC). El escudo que hay sobre la puerta de entrada al convento, al lado de la lápida con la inscripción, pertenecía a la fachada de la enfermería y alude al obispo que promovió su construcción. Hay un total de cinco escudos en el inmueble. En las esquinas de la parte oeste también campean los blasones de los obispos que lo mandaron edificar; posteriormente se adosaron a la fachada norte las insignias de armas de la familia Mercader, fundadores del primitivo convento.

Santa Catalina del Monte En Santo Ángel

El Convento Santa Catalina del Monte en Santo Ángel (2017)

 

En el jardín se conservan una serie de columnas de mármol blanco con capiteles jónicos, así como varias piedras de molino. Está rodeado de tapia con verja y puerta. En 1936 fueron destruidos los bienes muebles que albergaba en su interior, así como su magnífica biblioteca, que contenía más de 5.000 libros, algunos de ellos de incalculable valor por incunables; la misma suerte corrieron varia imágenes de Salzillo, y algunas tablas de pintura flamenca. En la actualidad en Santa Catalina hay tres obras del pintor murciano Almela Costa (dos en la iglesia y uno en el comedor): San Francisco Predicando a las Aves, San Francisco con el Lobo y Nuestra Señora de los Ángeles.

Referencias históricas

Según González Simancas, la fundación del antiguo convento data de 1441 por los frailes franciscanos y con la ayuda del caballero Juan Mercader. Sobre el mismo terreno, y debido al estado ruinoso de aquellos edificios, se reedificó otro posterior, ya entrado el siglo XVII, de tono modesto. El Palacio del Obispo, llamado así por ser residencia de verano de los obispos de la diócesis de Cartagena, está contiguo, y lo mandó edificar a finales del XVIII el obispo de Cartagena D. Victoriano López, para él y para sus sucesores.

Un caballero de la ciudad de Murcia y Regidor perpetuo de ella, llamado Juan Mercader, decidió fundar un convento a sus expensas, para lo que destinó un terreno de su propiedad “muy conveniente por lo solitario y devoto, distante de Murcia una media legua, a la falda de una de sus montañas. Como no tenía superficie suficiente, pidió a la ciudad parte de un desierto campo que colindaba con su heredad. Concedieron la súplica de dicho caballero, con la carga de dos reales de plata cada año, y en esta forma se otorgó la escritura el día 4 de junio de 1437”. (Pablo Manuel Ortega. 1740. “Crónica de la Provincia Franciscana de Cartagena” (Capítulo I, pp 56)).

Poco tiempo duró esta carga, pues Juan II Rey de Castilla y León se constituye en defensor, guarda y protector del convento en un escrito firmado en Burgos el 16 de agosto de 1441 que dice: “y por esta mi carta, tomo, y recibo, en mi guarda, y seguro, y bajo mi protección y amparo, y defendimienfo Real, la dicha casa y sus pertenencias, y al Guardián, y Frailes, que en ella viven, o vivieren, y a todas sus cosas”. (Pablo Manuel Ortega. 1740. “Crónica de la Provincia Franciscana de Cartagena” (Capítulo I, pp 57)).

Santa Catalina del Monte en Santo Ángel

Santa Catalina del Monte (Santo Ángel) desde el Centro de Interpretación “la Luz”

Así, el 13 de marzo de 1442, la ciudad de Murcia hace remisión de la carga anual, y posteriormente concede licencia que, con la del Obispo de la Diócesis, el franciscano Diego Bedán, y la bula pontificia expedida por el Papa Sixto IV en Siena el 18 de 1443, determina la fundación del convento. Pablo Manuel Ortega, en su libro “Crónica de la provincia franciscana de Cartagena’, publicado en Murcia en 1740, hace mención a los primeros tiempos del convento y describe así cómo era su entorno:

“… estimula mucho a los dichosos habitadores de este desierto, para elevar el espíritu a la contemplación de las cosas eternas, las mudas, pero elocuentísimas voces con que se explica la Naturaleza, en tanta variedad y multitud de vegetables, como pueblan tan hermoso sitio. Parece cierto, que la huerta de dicha casa y sus vecinos montes, andan de apuesta, sobre lo vario, abundante y hermoso de sus plantas, frutos y matices”. 

“Fuera de los muchos y comunes árboles, son sin número, los limoneros y naranjos de varias especies, granados, almendros, terebintos, laureles, cedros, palmas, cinamomos, y cipreses de que está poblado este santo desierto; compitiendo a esta multitud de plantas, las de las odoríferas flores, y yervas aromáticas. Al fin, parece un perfectísimo remedo, de aquel dichoso sitio de donde por su desobediencia, y nuestra desgracia, fueron desterrados nuestros primeros padres”.

“Por la quietud que ofrece, y lo silencioso de esta Santa Casa, se han retirado, en diferentes tiempos, algunos religiosos de la primera graduación de esta Provincia, a finalizar la carrera de su mortal vida, a este solitario convento; y algunos otros, a desahogarse de las dependencias de gobiernos, y poder asistir, con quietud, a algunos ejercicios espirituales y santos. Y no solo religiosos, más aún algunos Señores Obispos, de este Obispado de Cartagena, se suelen retirar del bullicio palaciego, solicitando en esta soledad, un paréntesis, prudentemente devoto, a las muchas dependencias de sus Oficios”.

“Para este fin labró el lltmo. Señor D. Jerónimo Manrique, siendo Obispo de Cartagena (1583-1590), una medianamente acomodada vivienda, contigua al mismo convento, con comunicación a él”.
“Habiendo pasado de esta Silla Episcopal a la de Ávila, escribía con mucha frecuencia y familiaridad, a los religiosos de este Santo convento, recomendándole en sus oraciones. En una de estar cartas, dada en Ávila el día 17 de noviembre de 1593, hace donación al convento de aquella vivienda”.

Continuadores de la tradición del Obispo Manrique fueron sus sucesores, entre los que destaca el Obispo y Cardenal D. Luís Belluga y Moncada (1662- 1743), que acudió frecuentemente a este lugar.

Santa Catalina del Monte ha pasado a la historia como el sitio de España donde se erigió el primer Vía Crucis, muy a principios del siglo XVII (1600), idea del Padre Fray Alonso de Vargas, Provincial de los franciscanos (que además dotó al convento de una extraordinaria biblioteca, que fue destruida en el incendio de 1936). Las estaciones del Vía Crucis se establecieron siguiendo las indicaciones traídas de Jerusalén por Pedro Potens y Mateo Siemberg (Francisco Cascales. 1775. “Discursos Históricos de la Ciudad de Murcia y su Reyno” (pp. 338)).

Convento Santa Catalina del Monte

Convento Santa Catalina del Monte a la izquierda

 

También conviene destacar la figura del Obispo D. Victoriano López Gonzalo (1739 – 1805), que es sin duda de las más brillantes de la historia eclesiástica murciana. Este prelado cierra la larga lista de notables personalidades que se sucedieron en el gobierno de la diócesis a lo largo del siglo XVIII, que se había iniciado bajo la fuerte personalidad de D. Luis Belluga y se clausuraba con la reformista y preclara de D. Victoriano López.

Su afán reformista no se limito a aspectos estrictamente espirituales o religiosos, sino que también se extendió a cuestiones más temporales, como las obras públicas, sanidad, o el fomento de la industria y de la economía.

Apoyó y protegió a la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Murcia, de la que fue su presidente desde 1793 hasta su muerte ocurrida el 21 de diciembre de 1805, en el transcurso de una visita pastoral a Almansa. Desde ésta institución desarrolló una importante labor de fomento de la industria popular, es especial en aquellos núcleos de población más desfavorecida, siendo
significativa la creación en 1793 de una escuela destinada a la enseñanza de la fabricación de tejidos, cintas y aderezos en La Alberca, con el fin de que los jóvenes aprendieran un oficio y evitar así “la ociosidad y el estado de mendicidad que era su ordinario destino“.

Otra construcción importante erigida a expensas del Obispo D. Victoriano López sería el puente sobre el Reguerón, en el camino de Algezares, como así consta en la escritura que se redactó el 20 de agosto de 1795, entre D. Victoriano López y el maestro cantero Pedro González Alcover, en la que se contratan las obras en la cantidad de 22.000 reales de vellón, y las realizadas en la Catedral.

No obstante, debe considerarse como su obra cumbre, el monumental edificio que erigió en el recinto de Santa Catalina del Monte a partir de 1796, agrandando el antiguo convento y creando una serie de dependencias para el alojamiento del obispo. Las obras de este nuevo edificio, también conocido como Palacio de Verano de los Obispos de Cartagena, fueron proyectadas y dirigidas por el maestro de obras D. Pedro Gilabert.

Poco se sabe de la construcción del edificio, solo suministran alguna información los protocolos notariales de la época. Por ello se sabe que el 15 de agosto de 1796 se contrató la madera con el maestro carpintero de Murcia Antonio Fernández González, por un valor total de 3.104 reales de vellón. Todavía hoy se conserva en la fachada de lo que fue residencia episcopal una lápida de mármol con la siguiente inscripción:

“Al Ilmo S. D. Victoriano López González dsmo. Obispo de Cartagena/ que con mano liberal y jenerosa amplificó este convento. Tomás Pedriñán y Mercader su patrón con Sta. Comunidad / dan las gracias / año MDCCXCVIII”

Mucho más interesante sin duda alguna, puesto que nos ofrece noticias sobre la construcción del jardín o huerto del palacio así como de la fuente que en él existe, es el documento que recoge la donación hecha por D. Fulgencio Menchirón, administrador de la Real Renta de Tabacos de Murcia y propietario de una finca colindante, de un manantial conocido como la Fuente del Buitre, que se encontraba situado en los campos de su pertenencia, para que el obispo pudiera regar el huerto que estaba haciendo en los alrededores del palacio, dada la escasez de agua en el terreno del convento. También otorgaba el correspondiente permiso para las obras que se habrían de efectuar para la explotación y canalización de las aguas hacia el mencionado jardín. Un año mas tarde, en un documento de similares características, el otorgante, conociendo los deseos de D. Victoriano de construir en su huerto una gran fuente con objeto de suministrar agua a los pobres y público en general de la zona, hacía renuncia de sus derechos de propiedad sobre tal pozo en beneficio de la dignidad episcopal. En el jardín que se localiza en la parte sur del palacio, se levantó la monumental fuente, que aún puede contemplarse, realizada en ricos mármoles rojos y negros.

Gilabert concibió el nuevo palacio como un gran bloque cerrado de planta rectangular, de lados mayores a norte y sur, respetando la antigua disposición en ángulos del edificio del siglo XVI.

El palacio conserva aún sus originales muros de mampostería encalada y piedra sillar en las esquinas, alzados en tres pisos. El primero, estructurado a manera de basamento, tuvo en principio 16 ventanas de pequeñas dimensiones a lo largo de las tres fachadas. Sobre él monta un gran cuerpo principal que alojaba en las fachadas norte y sur un total de 14 balcones, siete en cada una de ellas, mientras que en la fachada oeste presentaba solo dos. El ático mantenía la disposición simétrica, aunque se intercalaban entre las ventanas mayores otras de tamaño más reducido, donde se alojaban algunas de las celdas de los frailes. Todo ello respondiendo a una gran sobriedad de formas y ausencia total de decoración, ya que los únicos adornos que mostraba, y todavía se mantienen, son los magníficos escudos de las esquinas con adornos de ristras de flores y frutos en forma de guirnaldas.

Transcurren los años en un ambiente de paz y recogimiento hasta el 18 de marzo de 1936, en que se produce un intento fallido de quemar el convento, evitado gracias a la intervención de algunos vecinos y la presencia de la Guardia Civil. Una nueva intentona logró su propósito el 22 de julio del mismo año. Los religiosos habían recibido confidencias sobre lo que iba a pasar, por lo que decidieron pasar la noche del 2l al 22 fuera del convento, concretamente en el atrio de la casa del Sr. López Ferrer, y solo de madrugada regresaron para descansar un rato. Poco después recibieron un aviso de que los incendiarios no tardarían en llegar para llevar a cabo sus propósitos, para lo que habían comunicado a los números de la Guardia Civil que se retirasen puesto que la Guardia de Asalto se disponían a efectuar un registro. La estratagema dio resultado, pues poco tiempo después de abandonar la Guardia Civil la custodia del convento, apareció por el camino de Verdolay una muchedumbre de gente armada que apresurada y desordenadamente se dirigían al convento franciscano.

Santa Catalina del Monte en Santo Ángel

Santa Catalina del Monte (1936)

Los religiosos fueron conducidos a La Alberca, siendo internados en el edificio del sindicato de la C.N.T., concurridísimo de curiosos espectadores. Mientras tanto, el convento era saqueado y después incendiado, siendo el fuego reavivado en días sucesivos para que la destrucción fuera total.

Más de cinco mil libros, algunos de incalculable valor por incunables o raros fueron pasto de las llamas, al igual que los enseres e imágenes de la iglesia entre las que se hallaban varias salidas del cincel de Salzillo y algunas tablas de pintura flamenca. Los religiosos corrieron diversa suerte, siendo algunos de ellos fusilados en la subida del Puerto de la Cadena.

Terminada la guerra se decidió volver a ocupar el convento, pero la destrucción era tan grande, que la comunidad tuvo que establecerse en una casa situada frente a la actual puerta del atrio que había sido cedida generosamente por Doña Concepción Medina a los religiosos, erigiéndose en esta casa oratorio, vía crucis, etc. y reconstruyendo la Ermita de San Antonio el Pobre, en donde se celebraba el culto los domingos y festivos.

Igualmente, el 25 de agosto de 1939, en Santa Catalina se recuperó la costumbre inmemorial de la bendición de la simiente de la seda, que se realizaba solemnemente después del Vía Crucis que partía de San Antonio el Pobre, llevando a hombros el crucifijo del Cristo del Perdón, y terminaba en el atrio con un sermón y la bendición de la seda (se instituyó de nuevo el primer viernes del mes de marzo). En 1975, la peña huertana de La Alberca “La Seda” retoma la tradición, subiendo el primer viernes de marzo hasta Santa Catalina del Monte con la imagen del Cristo del Perdón (que otrora se guardó en la Estación Sericícola). En 2018 esta peña ha celebrado el 43 aniversario con actividades culturales (concierto, exhibición de obtención de seda, y su tradicional romería, que vuelve a pasar por la Estación Sericícola).

El 29 de junio de 1954 se inauguró la nueva capilla, sobre cuya entrada se puede ver una imagen de Santa Catalina del siglo XVI que estaba antiguamente sobre el arco de la entrada a la iglesia quemada.
El convento franciscano se utiliza desde entonces como morada de religiosos, centro de formación, y casa de ejercicios espirituales de sacerdotes y seglares.

El convento franciscano se utiliza desde entonces como morada de religiosos, centro de formación, y casa de ejercicios espirituales de sacerdotes y seglares.

Para la obtención de datos sobre Santa Catalina del Monte, Ángel Matas ha tenido la enorme fortuna de contar con el apoyo del franciscano D. Pedro Riquelme Oliva, profesor de Historia de la Iglesia en el Instituto Teológico Franciscano de Murcia, doctor en Teología y, seguramente, el hombre que más conocimientos tiene sobre este convento. Ángel Quiere agradecer profundamente su amabilidad y la valiosa documentación que le proporcionado, así como las palabras de aliento que tanta falta le hacían a quien iniciaba el proyecto de escribir sobre nuestro pueblo.

Más información en www.ofmval.org

Cronología

– 1437 (4 de junio) – D. Juan Mercader compra y escritura los terrenos.
– 1442 (13 de marzo) – El Ayuntamiento de Murcia concede licencia de obras.
– 1443 – Se funda el Convento.
– 1796 – Se amplían las instalaciones y se crea el Palacio de Verano de los Obispos de Cartagena.
– 1861 – Se realizan importantes obras de mejora del convento.
– 1936 (22 de Julio) – Se produce el saqueo y la destrucción total de las instalaciones.
– 1954 (29 de Junio) – Se inaugura el nuevo edificio.

Protección y conservación

Entorno BIC nº 30296E (Catálogo CARM) – Entorno del Palacio del Obispo y Convento de Santa Catalina del Monte. Incluye el conjunto arqueológico del Cabecico del Tesoro (poblado, santuario y necrópolis ibérica), Castillo islámico de La Luz (s.XII), Ermita barroca de San Antonio el Pobre y Cenobio de Santa Catalina del Monte (según expediente de declaración).

BIC (Categoría de Monumento) – Grado de Protección UNO: protección integral – Convento de Santa Catalina del Monte y Palacio del Obispo. Declaración individualizada BORM 5/5/1992

Catálogo PGOU Municipio de Murcia – Convento de Santa Catalina del Monte y Palacio del Obispo (Grado de Protección UNO: protección integral).

Escudos y piedras heráldicas. BIC según Ley 4/2007 de patrimonio cultural de la Región de Murcia.

 

Este articulo forma parte del Taller “recopilación de la historia y la memoria de Santo Ángel” 2017/18